Quince días tuvieron que pasar desde 2025 para comenzar a escribir, y 2025 veces me tuve que repetir “está bien difícil ser adulto”, antes de agárrale cariño. Me conmueve mucho que este sea el inicio de mi texto, sobre todo porque el año pasado también me quejé de lo “rudo” que estuvo mi año; y no quiero desmeritar a la Andy de 31 o 33 … por ahí recuerdo un cuadro de ansiedad y mucho conflicto, pero, es que es un “difícil” diferente.
Con diferente me refiero a más maduro, más curado, más sincero. Diferente porque no es que sean cosas que se me salen de las manos, sino que el ser consciente viene acompañado de más responsabilidad (ojalá cuando releas esto recuerdes el incidente con el grafiti rosa a finales de diciembre 2025). Pero también más plenitud: saber que las tomas de decisiones que hago con mi vida, con quien la comparto, o mejor dicho con quién espero y decido compartir, son con toda la intención de estar, de dar o permitirme recibir: cariño, aprendizajes y nuevas motivaciones.
En una de esas, sí era cierto el horóscopo y el 2025 era pa´cerrar y dar pie a todo lo bueno por lo que se ha trabajado.
Dice mi mejor amigo ChatGPT, que para crear tierras realmente fértiles, lo importante no está en el proceso de cultivo, sino en la preparación, así que diré que 2025 fue puro preparar terreno, en bullets, para lectura rápida, y de menor dificultad a mayor, porque suelen ser las banalidades las que me dan más nostalgia al reeleer este blog:
- Muy privilegiado mi comentario, pero este año “casi” no viajé. Chamba, falta de iniciativa, tiempo, deudas, no importa. Remarco “casi”, porque vuelos no faltaron, viajé casi cada mes a Guadalajara por trabajo, incluida una mini escapada a la montaña (con todo y choque de automóvil rentado), una vacación con sol en Puerto Escondido para celebrar al novio, un fin de semana en Querétaro con mi mejor amiga (cosa que me urgía), un puente en Miami para conquistar a un par de culicagadas, y otro fin de roadtrip por California con mis primos (¡por cierto! chulada de foto que salió en San Francisco).
- Si hablamos de lo “wellness”, porque es tendencia, pero sobre todo porque paso a paso, y con trabajo honesto, estamos con 34 años, 66 kilos, 33% de grasa corporal y buscando cargar más de 80 kilos en barra (orgullosa, porque este año aprendimos a hacer más musculo, sin importarnos tanto los carbs).
- En 2025, renté un auto, salí a las 4 am y manejé de CDMX-Colima, con toda la intención de dedicarle tiempo a mi abuelita, a mi hermano y a mi mamá, poco, pero completo, discutimos, lloramos, hablamos y fui feliz, feliz de tener a mi familia cerca, con todo y la distancia, feliz de crear cada vez lazos más fuertes, y de saber que ellos están bien y sanos.
- Aprendí a surfear, lo mega básico de portugués, hice por primera vez lagree, crecieron mucho mis tomates, y aprendí mucho sobre no-code, inteligencia artificial, ventas, feminismo, política social, meditación, pero sobre todo aprendí mucho de mí.
- ¿Y la ICR? En mayo celebramos cómo la 8va Generación de la MDPE de la UAM concluía sus clases, y listos para ignorar su ICR por lo siguientes 8 meses, bueno, no sé si todos, pero al menos yo, desde la “graduación” le debo meses de trabajo a mis prácticas y tengo que reescribir el 80% de mi proyecto, ¡ahh! pero ya sé decir “Eu teno un filo”, en portugués, a ver si con eso me pasan.
- Adiós a FI; hola “se acabaron las instrucciones, ¿ahora qué hago?”. Me corrieron por segunda vez en mi vida, esta vez no se declararon en banca rota, y cero fue por mi rendimiento, así que disfrute de los beneficios corporativos y mi muy chula liquidación, que le dio cuello a deudas y estréses financieros.
- Hablé y viví la fertilidad 24/7. FI fue de los pasos más temerosos, poco preparados y con mejor resultado que he explorado, porque hoy hay una casi-merita congelada en uno de los tanques de hidrógeno, y porque creció una seguridad enorme gracias a todo ese trabajo. Sin embargo, quiero recordarme que si bien el tratamiento fue muy invasivo, la chamba fue cruelmente clasista y me costó mucho recupérame de los 8 kilos que subí por la estimulación, no seríamos la relación que somos de no haber tenido las conversaciones más intensas y difíciles con Sebas alrededor de “¿congelar óvulos o embriones?”, “¿nos queremos casar?”, “¿a qué edad te imaginas paternando?”, “¿qué te gustaría lograr antes de ser papá?”, etcétera, etcétera, etcétera.. -
- Este año me despedí de Poncho, de mi abuelita, y de muchos miedos. Lloré mucho, sobre todo pensando en quienes ya no están, y me reconforté en disfrutar lo que me acompaña todavía.
- Malcríada regresó, para dar pie a algo que leeré en una de estas entradas pero del futuro.