2013-1: Colima, Guadalajara, Distrito Federal. Quito, Ambato, Guayaquil, Cuenca, Baños, Montañita, Lima, Cuzco y Machupichu. Apoyo incondicional. Una despedida, una pérdida, un hospedaje imprevisto y la larga espera entre vuelos de avión. Algunos gringos, franceses, japonesas, ecuatorianos, australianas, canadienses, chilenos, argentinos y mexicanos. Un romance pasajero y varias botellas de ron barato. Unas pintas de Pilsener, Cuzqueña y Cerveza Club. Unos cigarros caros y algunos viajes en autobús. Diez videos caseros, algunos besos, mil mensajes de amor a distancia y de vez en cuando -para ahorrar-, un bote de nieve en la cama viendo películas. Enormes platos de arroz, arroz, arroz y más arroz acompañado de petacones o maduros. 7 kilos de más. Compañeros de clase caprichosos, materias barco y soportar el coqueteo algún viejo catedrático de la institución. Ser turista y extranjero. Ser colombiana por tu aspecto y mexicana por nacionalidad. Conocer vidas ajenas, rostros distintos, acentos característicos, historia viajeras, aventuras, tragedias y agradecer por ser parte de su camino en la vida. Convivir con hippies, músicos, artistas, políticos, estudiantes ó simples jóvenes con una mochila al hombro y una mente llena de aspiraciones. A veces en la montaña acompañada de un buen cafecito o en la playa alejada del cumulo de gente que baila en el antro, para nadar desnuda al son de las olas. Estar lejos de casa, pasar meses administrando el poco dinero. Vivir con un pie en el autobús, encaminado mi cuerpo a la más empinada montaña o mojando mi espalda con las más salvajes olas de mar. Perder el suelo al lanzarse por una cascada. Reír y hacer eco por las calles de la enorme vía de Samborondón. Ser quien fui. Vivir lo que viví, una meta cumplida, una experiencia, un nuevo escalón.
2013-2: Quito, Lima, DF y Tijuana. Un café para decir adiós a las mujeres más lindas que he conocido, cada una viajando a diferentes destinos. Una amistad más fuerte con mi compañera de viaje. Una nueva espera. Una fuerte abrazo, una bienvenida y dos cumpleaños. Retomar la rutina y amargarse por la ausencia de aventura. Entristecerse por volver, por tu nueva visión, por no adaptarte, por no volver en el tiempo, por juzgar, por esperar más de los demás y por saber que aquí, nada cambia, sólo la economía. Nuevos proyectos, misma actitud. Trabajo, salidas y un poco de escuela. Fortalecer amistades y reconocer a los mejores hombres y mujeres que acompañaran tu vida, construyendo magia junto a ti. Rendirse ante un viejo amor sin salvavidas. Dar un último esfuerzo y fracasar. Cambiar de espacios, conocer nuevas personas y aprender una enorme lección de vida. Una nueva meta, varias nuevas metas. Algunos riesgos, faltas de moral, eventos culturales, música, correos, mensajes, alcohol, cigarros, paseos en bicicleta, comidas, placeres, aventuras, literatura y juegos de azar. Como siempre: discusiones, lágrimas, llamadas nocturnas y un café. Un análisis crítico y existencia, algunas conversaciones serias, pláticas interesantes y nuevas aspiraciones. Un bar, un café, una cama, un sillón, una banqueta. Un micrófono y mis lágrimas hablando en voz alta. Errores y aciertos. Posibles arrepentimientos. Nuevas emociones. Miedos y claro, tragedias de carretera.
2013 termina increíble; con duras lecciones, con proyectos personales, con muy fuertes amistades, con una familia solida y sana, y claro, con un temor enorme por lo que el nuevo año tiene para mí. 2013 es el primer paso al cambio, a la bienvenida. 2013 me cerró la boca y me abrió la mente. 2013 fue transición.
2013 gracias y recuerda, más por favor.
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